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Por: María del Mar Jaramillo

“Cuando quedé embarazada a mis 17 años, tuve un poco menos de 9 meses para replantear lo que sería mi futuro con la llegada de mi hijo. Vivir esta experiencia me permitió reconocer (y hago énfasis en el reconocimiento, porque todos sabemos que pasa, pero pocos decidimos hacer algo al respecto) la otra cara de mi país, Colombia. La cara de las mujeres que se convierten en madres y se suman a los gravísimos índices de desigualdad que se han convertido en mi mayor obsesión desde que inicié esta fundación en el 2016 y hasta el sol de hoy.

Para mí tener a Matías a tan corta edad significó un reto inmenso que hoy entiendo, sólo pude superar gracias al apoyo de mi familia. Sin embargo, para el 78% de las mujeres que viven en situación de vulnerabilidad en Colombia, planear un futuro es tan sólo un sueño. Para el 50% de ellas, que se convierten en madres antes de los 25 años, es un chiste. Para una madre joven de estratos 1 y 2, se bloquean casi inmediatamente las posibilidades de acceder a educación superior y por ende, no tendrá las capacidades para acceder a un empleo de calidad, generando así un ciclo de pobreza sin fin. ¿Cómo ser ajena a esta realidad?

Una de las preguntas que más me inquietaba (y que solemos escuchar de las personas cuando hablamos de nuestro trabajo) es ¿Por qué estas mujeres no logran planear su futuro en los 9 meses que tomará su bebé en desarrollarse? Cualquier otra persona pensaría que es el tiempo suficiente para crear un plan de contingencia con el fin de tener un sustento básico que les permita cubrir las necesidades básicas propias y de sus hijos, una vez lleguen al mundo. Sin embargo, si analizamos realmente la situación general de estas mujeres, también podríamos preguntarnos, ¿cómo podría trabajar si no cuenta con el apoyo de su familia? En estado de embarazo, ¿quién la recibiría? Y si nace su bebé, ¿quién lo cuidará siendo tan pequeño mientras ella sale a trabajar? ¿Quién criará a ese niño?

Entonces, entendí por fin cuál era la solución. Para que exista un cambio real y los resultados de la inversión realizada en nuestras tripulantes sean permanentes, es vital poder enseñarles no sólo desde el “Hacer”, sino también desde el “Ser”. Si no hay un proyecto de vida real en nuestras mamás, no existirá ningún emprendimiento ni oportunidad laboral que se sostengan en el tiempo.

Hoy me enorgullece saber que hemos aprendido a trabajar desde sus necesidades y no desde nuestras creencias. Hoy veo a nuestras mamás y veo en ellas mujeres maravillosas con habilidades increíbles por explotar. Hoy sé que sus hijos siguen bajo su cuidado y que serán sus mamás quienes se encarguen de su crianza. Eso para mí es hacer historia. ¡Sólo espero lograr que seamos millones de mamás escribiéndola juntas!

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